• Patria Para Todos

    Nos involucramos en la apuesta de demostrar que la actual situación histórica de la “aldea global”, con su ingreso a un periodo sistémico y recurrente de crisis económica, abre la posibilidad de una transición hacia otra cosa, aspirando a que eso sea una sociedad a escala humana donde sí se podrá influir, quizás no dirigir, planificar o moldear, pero si influir en un sentido emancipatorio. Lo que si es cierto, es que por la experiencia acumulada, sabemos que en los movimientos populares y su dinámica social, estas prácticas pueden y seguramente van a emerger como históricamente ha sucedido. Plantear ¿Cómo construir una sociedad más justa que no solo implique un reparto más equitativo de los bienes, sino avanzar en ese otro terreno, el de la emancipación de la humanidad? Un desarrollo de la conciencia individual y social orientada a entender el poder como responsabilidad y distribución social de este poder. Esto será un intento de construcción permanente, más que una declaración de principios.

Unidad Latinoamericana

LLEGAMOS AL BICENTENARIO CON UNA HISTORIA DE LUCHAS POR LA UNIDAD: LA UNIDAD AHORA ES NUESTRA EXIGENCIA

“Mientras luchan separados son derrotados juntos”. Tácito

La falseada historia oficial surgida a partir de la caída del proyecto Bolivariano en 1830 se derrumba a pedazos bajo el desprestigio de su propia falacia. La poderosa idea de la Nación Latinoamericana se abre paso al impulso de los tiempos y las necesidades de los Pueblos.

Las veinte colonias surgidas tras la tragedia de los revolucionarios del s. XIX comienzan a retomar el destino en sus propias manos, y cada vez resulta más claro que la elección es entre un destino de pueblos sometidos por su división o pueblos libres por la fuerza de su unidad.

La historia oficial que encerró a cada revolucionario en las celdas fronterizas de cada país ha sido demolida por las nuevas corrientes del pensamiento y la investigación. La revolución de Caracas en 1810 salvada por un chileno; la revolución chilena de 1810 con la participación de un peruano, un boliviano y un argentino; un boliviano como primer presidente argentino; un argentino como primer presidente peruano; un venezolano primer presidente de Bolivia; un venezolano primer presidente de Ecuador y de Colombia; un Carrera o un Artigas como caudillos federales en el Río de la Plata y tantos ejemplos del mismo tono, han abierto paso a aquella verdad enunciada por Manuela Sáenz: “Nací al sur del Ecuador, y mi Patria es toda Sudamérica”, y la verdad de que nuestra Nación comienza en el Río Bravo y se extiende hasta el Polo Sur está inscripta no solo como idea, sino como idea buscada por la realidad bajo los golpes de la necesidad de quinientos millones de latinoamericanos.

Más allá de las eventuales heroicidades individuales las guerras al servicio del interés extra americano no son motivo de orgullo para los pueblos, sino más bien de su vergüenza. Y bajo esa lógica comienzan a aparecer los hechos que son verdadero motivo de orgullo para cada país y para todo el continente.

¿Quién se enorgullece hoy de una guerra de la Triple Alianza, que por otra parte jamás tuvo el apoyo de los Pueblos arreados a participar, que eliminó al heroico Paraguay y dejó a la Argentina la fiebre amarilla? ¿Qué orgullo puede desprenderse de una guerra que dejó a Bolivia, Perú y Chile los muertos y lisiados y a los ingleses el salitre?¿Qué orgullo nació de la Guerra del Chaco Paraguayo realizada en representación de la Standard Oil y la Royal Dutch Shell?

¿Qué chileno o peruano puede no estar orgulloso de la victoria peruano-chilena en la guerra contra España de 1868? ¿Qué venezolano, ecuatoriano, peruano, argentino, colombiano, boliviano, uruguayo o chileno puede no estar orgulloso de la sangre derramada a lo largo del continente por la triunfante independencia y la derrotada unidad, comenzada por el grito rebelde de un descendiente de incas y una primera victoria alcanzada por un presidente negro, consumada por un ejército compuesto de soldados de todas las regiones bajo el mando del general José Antonio de Sucre en Ayacucho?

La Unidad Nacional Latinoamericana no se funda en ningún ejemplo externo. A diferencia de la Comunidad Europea, en que naciones diferentes se unen en un interés común, Latinoamérica es un Nación artificialmente dividida que necesita unirse para que su pueblo se realice en la universalidad de naciones. Nuestra historia es común, nuestras desgracias son comunes, nuestro idioma es común, nuestras necesidades son comunes, comunes han sido nuestros enemigos y común es su victoria o su derrota. Como la unidad de árboles que se desarrollaron separados, nuestra unidad se encuentra en lo más profundo, las raíces, y en lo más elevado, la copa.

Mientras América Latina permaneció o permanece separada, extraña es su política. A intereses extraños respondieron sus dictaduras y a intereses extraños respondieron muchas de sus llamadas “democracias dependientes”, anteponiendo lo instrumental a lo estratégico determinante, que no es otra cosa que la Unidad Nacional. Afuera se utilizó nuestro oro, nuestro cobre, nuestros minerales, nuestros alimentos y nuestros ahorros y por intereses extraños murieron nuestros compatriotas.

Nuevos vientos soplan en la Patria de Lautaro, Carrera, O´Higgins, Manuel Rodríguez, Artigas, Tupac Amaru, Atahualpa, Cuautemoc, Bolívar, Juana Azurduy, Manuela Sáenz, San Martín, Solano López, Morazán, Hidalgo, Morelos, Barrios y la lista interminable de patriotas que lucharon por la unidad. El transcurso de la historia ha diluido diferencias, pero ha conservado el término con que todos ellos se identificaron: el ser americanos.

Doscientos años han cabalgado las caballerías americanas en cada país por recuperar su destino, innumerables hombres y Movimientos de toda ideología han caminado los caminos de la Patria Grande por un lugar para sus Pueblos: desde Zapata al MNR boliviano de 1952; desde el APRA del Perú al panameño Torrijos; desde el chileno Ibáñez al brasileño Vargas; desde Perón al guatemalteco Jacobo Arbenz; desde el socialista Allende al nacionalista Velazco Alvarado, y no existieron fronteras para que la chilena Gabriela Mistral realizara una heroica campaña en defensa del torturado patriota puertorriqueño en la cárcel de Atlanta, Pedro Albizu Campos.

Latinoamérica a diferencia de los opulentos del mundo, no llega a la unidad fundada en su desarrollo económico, no estamos divididos por ser subdesarrollados, sino que somos subdesarrollados por estar divididos, y por lo tanto no es la fuerza del mercado el principio rector, sino la fuerza de nuestra necesidad de supervivencia fundada en la conciencia y el sentido de pertenencia a una misma Nación lo que impulsa a los hombres a actuar en esa dirección.

Eliminar las fronteras interiores, tener una única moneda, vincular la Nación por todos los medios económicos, desde empresas comunes a políticas externas comunes, sistemas educativos comunes a capacidad de trabajar común, asentadas en una cultura, una historia, un objetivo y una necesidad común, son el requisito indispensable de nuestra supervivencia como Pueblo. Todo nos une, nada de nuestro interés nos separa, la Unidad será nuestra victoria y la sobrevivencia de la división será nuestro fracaso.

La Unidad no será una obra de arriba hacia abajo, sino la creación desde cada lugar, porque bien sabido es, que el fuego para calentar, debe venir desde abajo.

Ese ha sido el pedido durante doscientos años. En el bicentenario debe ser nuestra exigencia irrenunciable. A los tibios que piden prudencia y espera, sólo cabe contestar con las palabras de Bolívar en la sociedad de Agricultura: “¿Tenemos que esperar doscientos años más?”. No señores, la respuesta es una sola: La Unidad ahora, ya y sin excusas. Los Estados Unidos de Sudamérica no son una entelequia, son una necesidad vital para el Pueblo Latinoamericano. Nacional Latinoamericana es nuestra historia, nuestros héroes, nuestra cultura y nuestro idioma: comunes deben ser nuestras empresas, nuestros sindicatos, nuestra educación, nuestra moneda y nuestra política exterior.

El Extranjero habita al norte del Río Bravo, al este del Atlántico y al oeste del Pacífico, esas son nuestras fronteras reales, y compatriotas somos todos los que estamos dentro de ellas. La Nación Unida, con soberanía, riqueza y justicia, es el prerrequisito de un solo Pueblo Libre, como la división ha sido el prerrequisito de la esclavitud común. Si las oligarquías crearon veinte colonias, sólo el Pueblo construirá una Patria para Todos, que será Latinoamérica o no será nada.

Luis Alberto Terroba

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